¿Deberíamos censurar sexo y religión en la red?

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¿Deberíamos censurar sexo y religión en la red?La  preocupación sobre la censura en Internet va creciendo día a día. China, Irán, Tailandia, Túnez, Arabia Saudí, Vietnam están reaccionando al desarrollo de Internet tratando de controlar sus contenidos. Ahora, según Niklas Gustafson fundador de conZumo.com,  la paradoja es que son cada vez más las grandes compañías de Internet las que utilizan su poder para censurar.

Desde el 1988 he sido un gran fan de Apple, explorando un nuevo mundo con mi Macintosh Classic, pero debo decir que la nueva estrategia de censura de Apple me está preocupando. El gigante americano no permite contenidos de sexo ni desnudo en su App store, dedicada a vender las llamados ”apps” para iPhone y iPad. Los periódicos, revistas y otros creadores que quieren que Apple apruebe sus app se ven obligados a borrar todo lo que Apple considera ofensivo.

Apple no es la única empresa que utiliza su poder para decidir qué vamos a poder leer y ver, sino que existen muchas más. YouTube borra de inmediato vídeos que considera demasiado atrevidos y Facebook invierte muchos recursos en suprimir fotos que sus miembros publican y que, según su parecer, consideran sexuales. Spotify no muestra el último álbum de Kanye West, sino que publica una versión pixelada que les ha distribuido su discográfica. Gmail, el servicio de email de Google, tiene un robot sofisticado que clasifica millones de correos como spam porque pueden contener mensajes de sexo y porno, muchos de ellos inocentes. Google no debería decidir sobre el contenido de emails personales.

Estas compañías suelen defenderse de la crítica de censura diciendo que quieren mantener sus servicios libres del porno, pero de esta forma evitan que, por ejemplo, arte e información sexual tampoco se pueda distribuir. Décadas de trabajo de liberalización pueden estar en peligro. Seguramente estas empresas no tengan mala fe con su forma de actuar, sino que es el dinero el que está detrás de todo esto. Tienen miedo de entrar en conflicto con los consumidores, que son los clientes potenciales.

Los criterios de Apple son: “Si usted quiere criticar una religión escriba un libro, si quiere describir un acto sexual escriba un libro, una canción o desarrolle una aplicación médica. Puede ser más complicado, pero hemos decidido no permitir determinado tipo de contenidos en la App Store”.

Los tablets como el Ipad de Apple, son ahora la última esperanza de la industria de los medios tradicionales para poder cobrar por contenido. Todos los anteriores intentos han fracasado y el único modelo que ha funcionado más o menos ha sido la venta de publicidad en las páginas web. Sin embargo los nuevos tiempos significan ingresos muy por debajo para las compañías de los medios y esperan poder reconquistar el poder mediático a través los apps para los tablets, algo que parece absurdo, y sólo podrá funcionar con un público objetivo mayor, ya que la idea es empaquetar el contenido de Internet en algo que se parezca a los formatos del pasado.

Con el crecimiento explosivo de los tablets también crecen las preocupaciones que ponen en peligro la democracia. Los medios adaptan su contenido según Apple y otros, y ya no son tan independientes como antes. Esto es muy preocupante. Es una restricción de la libertad de expresión. ¿Qué pasaría si Telefónica, Vodafone y Orange de repente decidieran actuar como jueces del gusto y la moral y limitar  lo que puede enviarse a través de sus redes? Entonces estaríamos ante una situación en la que seriamente podríamos hablar de una amenaza a la democracia.

No deberíamos dejarles, ni a los gobiernos ni a las multinacionales, decidir qué contenidos vamos a poder ver en la red. Hasta el propio Steve Jobs dijo que quien quisiera consumir pornografía se comprara un móvil que no fuera de Apple, sino un Android.  Sobre los apps de los medios, no hay que complicarse tanto la vida, sino simplemente utilizar menos apps especializadas y más apps abiertas que leen información de cualquier medio.

La televisión ha vivido aislada del mundo de la distribución mucho tiempo, y hay fuerzas poderosas de muchos operadores que quieren ver un desarrollo similar en la web y en los móviles. Aquí, tanto los editores como los políticos son meros espectadores. Debemos actuar para desarrollar una  infraestructura de la red óptima para todos los dispositivos, y defender la libertad de poder utilizar cualquier tipo de contenido.

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